El rey de las extremidades

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Mi primer álbum lo compré con 15 años. No estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero mi ilusión por pensar que me iba a gustar me cegó. No recuerdo si vino antes Plastic Beach o The King of Limbs, o me hice de ellos a la vez. Lo único que sé es que desde ese año tengo menos claro lo que es la música.

En el momento que me hice con el disco de Radiohead confieso que me concentré mucho. En Internet leía que gente quedaba con amigos para sentarse y escuchar el album detenidamente en una habitación. Tal acto de frikismo debía de ser, como mínimo, interesante. Así que sí, me dispuse y dejé que el disco entrase por mis oídos. Mi impresión tras la escucha: miedo. Lo único que rondaba en mi cabeza es que había escuchado algo inconcebible. No como algo maravilloso y utópico, que sea necesario de escuchar para que todos presenciasen tal proeza musical, sino como algo maldito y monstruoso. Inconcebible como si a alguien se le hubiera ido la cabeza y toda su locura demencial la hubiera depositado en 37 minutos.

Lo cierto a todo esto es que el álbum no tiene por donde cogerlo, pero desde entonces no lo puedo dejar de escucharlo. Es más, dudo que se haga otro de tal calibre como The King of Limbs. El miedo a lo desconocido siendo una criatura espantosa. Y toda esas cosas horribles que digo del disco… me encantan. Te hace replantearte todo lo que tenías establecido como “bueno” y “malo” en la música, te hace preguntarte adónde querrán llegar con tantos sonidos, incluso te hace escuchar más veces una canción porque no la entendiste Y TAMPOCO CREO QUE LA ENTENDIERAN ELLOS. Te cansa, te amarga, muestra la versión más maligna de una banda, pero acabas rendido cuando tras todo ello te hacen Codex y te llevan a una nube, y echas de menos que te saquen de los canones. Y entonces se acaba el disco. Y lo vuelves a poner cayendo en sus brazos.

¿Entonces es bueno el disco? No lo sé. Basta con una escucha para saber que esto es inclasificable. Solo tenía 15 años, y de alguna manera supe que estaba presenciando algo único que solo yo entendía. Para mí no tiene pies ni cabezas, ni brazos. El rey de las extremidades es dueño esas también, por eso no me atrevo a juzgar.

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Crítica: Junk – M83

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M83 es un grupo de música electronica francés de un largo recorrido. Desde 2001 llevan publicados 5 álbumnes en los que se han labrado una carrera exitosa, pero que no llegó hasta su punto álgido cuando se publicó en 2013 la famosa Midnight City. Desde entonces son reconocidos internacionalmente y su trabajo es una de las baras de medir la música de nuestros días. O eso pensábamos… El grupo, directamente, tienen criterio. Son capaces de reconocer cuando lo que les llega es por méritos propios o fruto de una casualidad. Rehuyen de la prensa porque nunca buscaron la fama, y están más comprometidos por lo que quieren expresar que por el qué dirán. De esta fuerte personalidad nace “Junk” (“basura”), respuesta a los que pensábamos que su último CD fuera a ser su obra culmen, el estándar de la música. Basura, porque lo que se encuentra aquí es de todo menos lo que uno se espera, por lo que repelerá a cualquiera que tenga una idea preconcebida.

No es descabellado pensar de donde toman las referencias. Después de los atentados de París, el grupo necesitaba volver a Francia para sentir cerca a sus familias. Volver les supuso rememorar, y rememorar la necesidad de expresar su propio “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Junk suena a muchas cosas, pero principalmente a nostálgico. A las intros de las series de los años 80, a tardes en el chiringuito tomando un helado, a tiempos felices en los que éramos invencibles. Desde su “Do it, Try it”, una bizarrísima reinterpretación de ABBA, hasta su “Sunday Night 1987”, una meláncola canción en teclado y armónica cuyo “Ubi sunt” llega desde el mismo título de la canción, y que impregna toda la letra (Lost memories/ Faded pictures/ Can you drive me back/ To this very moment). Desde canciones más fuertes, como “Go!”; Atlantique Sud, cantada íntegramente en francés; o instrumentales como “Moon Crystal”. Suena nocturno, porque no es agradable enfrentarse a la realidad de la madurez. Todo recordando a ese pensamiento de “qué bien me lo pasaba cuando era un niño”.

M83, siendo valientes, han obrado la respuesta a todos los que lo tenían en un altar, para bajarlos de ahí. Sin embargo, lo que han conseguido es salir por la puerta grande enfrentándose a su propia música y a su propio público.