El rey de las extremidades

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Mi primer álbum lo compré con 15 años. No estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero mi ilusión por pensar que me iba a gustar me cegó. No recuerdo si vino antes Plastic Beach o The King of Limbs, o me hice de ellos a la vez. Lo único que sé es que desde ese año tengo menos claro lo que es la música.

En el momento que me hice con el disco de Radiohead confieso que me concentré mucho. En Internet leía que gente quedaba con amigos para sentarse y escuchar el album detenidamente en una habitación. Tal acto de frikismo debía de ser, como mínimo, interesante. Así que sí, me dispuse y dejé que el disco entrase por mis oídos. Mi impresión tras la escucha: miedo. Lo único que rondaba en mi cabeza es que había escuchado algo inconcebible. No como algo maravilloso y utópico, que sea necesario de escuchar para que todos presenciasen tal proeza musical, sino como algo maldito y monstruoso. Inconcebible como si a alguien se le hubiera ido la cabeza y toda su locura demencial la hubiera depositado en 37 minutos.

Lo cierto a todo esto es que el álbum no tiene por donde cogerlo, pero desde entonces no lo puedo dejar de escucharlo. Es más, dudo que se haga otro de tal calibre como The King of Limbs. El miedo a lo desconocido siendo una criatura espantosa. Y toda esas cosas horribles que digo del disco… me encantan. Te hace replantearte todo lo que tenías establecido como “bueno” y “malo” en la música, te hace preguntarte adónde querrán llegar con tantos sonidos, incluso te hace escuchar más veces una canción porque no la entendiste Y TAMPOCO CREO QUE LA ENTENDIERAN ELLOS. Te cansa, te amarga, muestra la versión más maligna de una banda, pero acabas rendido cuando tras todo ello te hacen Codex y te llevan a una nube, y echas de menos que te saquen de los canones. Y entonces se acaba el disco. Y lo vuelves a poner cayendo en sus brazos.

¿Entonces es bueno el disco? No lo sé. Basta con una escucha para saber que esto es inclasificable. Solo tenía 15 años, y de alguna manera supe que estaba presenciando algo único que solo yo entendía. Para mí no tiene pies ni cabezas, ni brazos. El rey de las extremidades es dueño esas también, por eso no me atrevo a juzgar.

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